El grito eterno del mármol: anatomía de la tragedia en el Laocoonte

📌El Laocoonte y sus hijos es una de las obras más dramáticas, influyentes y fascinantes de la historia del arte. Considerada la cumbre de la escultura helenística (o una genial recreación romana de dicho estilo), esta obra maestra encapsula el concepto del pathos, un concepto que, por cierto, Homero fue el primero (que sepamos) en utilizar; me refiero al sufrimiento humano llevado al límite absoluto, en este caso, petrificado en mármol. Y de nuevo volvemos a Homero, porque ya os he dicho en varias ocasiones, que está en todas partes.

El relato.

Aunque la caída de Troya es un tema recurrente en la épica clásica, la escena plasmada en el grupo escultórico se inspira principalmente en el Libro II de la Eneida de Virgilio. En la tradición, Laooconte era un sacerdote troyano consagrado al dios Apolo que no confiaba en el supuesto presente de los aqueos, el gigantesco caballo de madera. Pronunció una célebre frase que dice así según Virgilio: «Equo ne credite, Teucri! Quidquid id est, timeo Danaos et dona ferentes» que significa «¡No confiéis en el caballo, troyanos! Sea lo que sea, temo a los dánaos incluso cuando traen regalos» (recordad que Homero en la Ilíada se refiere a los «griegos» como aqueos, argivos o dánaos). A pesar de la advertencia de Laocoonte, los troyanos ignoraron el peligro, introdujeron el caballo en sus murallas y la ciudad terminó siendo destruida esa misma noche…el resto ya lo sabemos (aunque no por Homero).

Las deidades favorables a los aqueos, como Atenea y Poseidón, castigaron severamente lo que consideraron un sacrilegio. Emergieron del mar dos colosales serpientes marinas bautizadas por la tradición como Porces y Caribea que devoraron primero a sus dos hijos jóvenes y, finalmente, al propio sacerdote que acudió en su auxilio. Para los troyanos, este trágico desenlace fue interpretado erróneamente como una señal divina de que el caballo debía entrar en la ciudad, precipitando su destrucción.

Mosaico con el poeta latino Virgilio junto a Clío, musa de la Historia, y Melpómene, musa de la Tragedia. Museo del Bardo, Túnez; hallado en Susa. Siglo III d. C. Wikipedia.

El descubrimiento de la obra.

El célebre grupo escultórico fue hallado el 14 de enero de 1506 en un viñedo propiedad de Felice de Fredis, situado en la colina del Esquilino, cerca de la Domus Aurea de Nerón en Roma. Al conocerse la noticia del hallazgo, el Papa Julio II envió de inmediato al arquitecto Giuliano da Sangallo y al mismísimo Miguel Ángel Buonarroti para evaluar la pieza. Sangallo identificó la obra al instante gracias a las crónicas de Plinio el Viejo (siglo I d.C.) en su Naturalis Historia, donde la describía como una obra superior a cualquier pintura o bronce, ubicada en el palacio del emperador Tito. Uno de los episodios más rigurosos e interesantes en la historia de la conservación del arte gira en torno al brazo derecho desaparecido de Laocoonte al momento de su hallazgo.

El Laooconte y sus hijos. Pinterest.

En 1532, el escultor Giovanni Angelo Montorsoli (discípulo de Miguel Ángel) realizó una restauración añadiendo un brazo completamente estirado hacia el cielo, un gesto que potenciaba la grandilocuencia barroca pero rompía la tensión helicoidal original. Miguel Ángel siempre se opuso a esta reconstrucción, argumentando de forma puramente anatómica que el brazo real debía haber estado flexionado hacia atrás, replegándose sobre el propio hombro en un intento desesperado por apartar la cabeza de la serpiente. La historia dio la razón al genio florentino cuatro siglos después. En 1905, el arqueólogo y anticuario Ludwig Pollak descubrió por casualidad un fragmento de brazo de mármol en el taller de un picapedrero en la Via Labicana de Roma. Pollak intuyó su procedencia y lo entregó a los Museos Vaticanos. No fue hasta la restauración profunda dirigida por Filippo Magi entre 1957 y 1960 cuando se retiraron los añadidos renacentistas y barrocos, comprobando que el brazo de Pollak encajaba milimétricamente en la figura central. La composición recuperó su trágica y auténtica tensión original.

Detalle del momento en el que la serpiente está atacando a Laooconte. Historia National Geographic.

Detalle de la cabeza de Laooconte. Fijaos en el gesto de dolor del sacerdote. Wikipedia.

Síntesis artística

A diferencia del equilibrio, la simetría y la serenidad del periodo clásico griego, el estilo helenístico busca conmover mediante el exceso y el dinamismo. El conjunto es una composición piramidal e inestable, El torso de Laocoonte muestra una musculatura exagerada y exasperada. El arqueólogo alemán Winckelmann describió magistralmente que el dolor se concentra en las entrañas, reflejado en el hundimiento del abdomen y la tensión del diafragma, mientras que el rostro no emite un grito vulgar, sino un suspiro ahogado de impotencia. Aunque a simple vista simula la continuidad de una sola pieza monolítica, estudios técnicos han demostrado que el grupo está compuesto por la unión precisa de varios bloques de mármol de Carrara y de las islas griegas, ensamblados de manera tan perfecta que desafiaron las capacidades técnicas de su época. Actualmente, la obra está en el Cortile Ottagono de los Museos Vaticanos, recordando a los visitantes el día en que el mármol aprendió a gritar.

Enlace directo al conjunto:

https://www.museivaticani.va/content/museivaticani/es/collezioni/musei/museo-pio-clementino/Cortile-Ottagono/laocoonte.html


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