Imagen de portada: Sarcófago de Copenaghen. Fuente: equilibriarte.net.
La armada romana nunca tuvo un gran peso dentro del ejército, si lo comparamos con las legiones terrestres. Sin embargo, para determinados casos, como la Primera Guerra Púnica, el concurso de las fuerzas navales fue determinante para garantizar la victoria y para la creación del famoso Mare Nostrum.
Como se ha indicado, las primeras intervenciones navales romanas vinieron al comenzar las Guerras Púnicas. Roma necesitó, con extrema urgencia, un contingente importante naval para poder combatir en Sicilia; puesto que sin el dominio del mar no había posibilidades de vencer en la guerra contra Cartago. Tras doblegar a los púnicos, las escuadras romanas habían conseguido la hegemonía en el Mediterráneo occidental. El dominio completo llegaría con el sometimiento de los reinos helenísticos, logrando que todas las orillas del Mare Nostrum, fueran ahora romanas.
Habitual en aquella época, la tranquilidad duraría bien poco, pues las flotas romanas tuvieron que volver a la mar por la aparición de escuadras piratas, las cuales serían claves al mismo tiempo en las guerras civiles. El culmen naval llegaría con la batalla de Accio, poniendo fin a la República y dando comienzo al Imperio.

Durante los primeros siglos de este periodo, la ausencia de amenazas por mar, condujo a una reducción de las naves, dedicándose solamente a tareas de patrullaje. Solo en las fronteras del Imperio, se mantuvo la actividad naval de manera activa. El declive del Imperio en el s. III d.C también influyó en la armada, que se vio reducida. Este declinar iría en aumento, siendo las escuadras romanas incapaces de hacer frente a las crecientes amenazas conforme iban pasando los siglos, hasta alcanzar la caída de Roma.

En cuanto a las tácticas utilizadas eran muchas, pudiendo emplearse el espolón como arma principal o recurrir al acercamiento de la nave enemiga para abordarla.

Los primeros combates contra los cartagineses, los romanos utilizaron la estrategia del abordaje; sabiendo que no podían superar la destreza en el mar de los púnicos, el ingenio militar se puso en marcha con un arma ingeniosa: el corvus. Se trataba de una pasarela sujeta al mástil principal de la nave y que se dejaba caer sobre el barco atacado, amarrándolo con un gancho de hierro que llevaba en su extremo. Así el combate naval se transformaba en un combate cuerpo a cuerpo, donde los romanos sí eran unos maestros.


El uso del corvus quedó reducido a la Primera Guerra Púnica, siendo el arma principal de los buques romanos el espolón (rostrum). La táctica dominante consistía en embestir la nave enemiga y abrirle una vía de agua para hundirla. También resultó útil la ruptura de la línea de remos, estrategia que dejaba sin capacidad de maniobra al enemigo. Además del espolón, también se utilizaron garfios. Era un palo de grandes dimensiones con una especio de gancho en su cabeza, lo cual permitía atrapar los barcos. Agripa inventó el harpax, una viga de madera unos 2-2,5 metros de largo, protegida por placas de hierro. En uno de sus extremos tenía un garfio de hierro y en el otro unas fuertes amarras. El harpax se lanzaba hacia la cubierta del otro barco con la ayuda de una pieza de artillería grande, funcionando así como si fuera un proyectil. Cuando quedaba clavada en el otro barco, se recogía con un torno, atrayendo al otro buque.

Por último, añadir otro método muy usado en el mar como fue la construcción de altos castillos a popa y a proa, para crear de esta manera una plataforma de disparo desde la que poder destruir a la tripulación del barco enemigo.

Si quieres saber más:
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