Las pinturas que van a destacar en el Imperio Nuevo de Egipto serán las de las necrópolis. Estas composiciones decoraron las tumbas de los reyes y de los altos dignatarios de las ciudades de Tebas y Menfis; poseen una gran calidad y fueron realizadas por auténticos maestros. Las escenas fueron ganando en composición y se fueron perfeccionando el estilo en referencia al tratamiento otorgado al cuerpo humano en comparación con las épocas anteriores. Las formas de las figuras se alargan, la pose es más flexible y los colores están sin duda, mucho más logrados. Además, a partir de la época de Amenofis III tenemos un movimiento en las escenas cada vez más presente. El exotismo, la riqueza y el lujo de esta floreciente época, se pusieron de manifiesto en la gran profusión de joyas y detalles que vemos en las elegantes vestimentas y tocados de las damas egipcias.

La tumba de Najt, que vemos en la imagen, nos muestra una bellísima escena de música y danza de la mano de jóvenes intérpretes femeninas que amenizaban los banquetes de la nobleza. Pero además de esta composición también podemos citar las pinturas ubicadas en la tumba de Ramose, con una escena fúnebre en la que participan plañideras de largas cabelleras rizadas, la cual tiene una fama universal. Por otra parte están las pinturas de la tumba de Userhet, donde este participa en una escena de caza en el desierto desde su carro; la tumba de Menna, en la que se representa con gran detallismo al dueño del enterramiento y a su familia participando en los antiguos y populares deportes reales de la caza y de la pesca en los pantanos.


En la tumba de Rekhmiré vemos escenas como la recepción de invitadas a un banquete o la representación de los trabajos artesanales del templo de Amón en Tebas.

Durante la época ramésida las imágenes pictóricas decoraron las paredes de las tumbas regias pero también las de los artesanos que trabajaron en la necrópolis tebana, los cuales vivieron en el poblado de Deir-el-Medina. El punto culmen de la pintura lo tenemos en la magnífica decoración de los muros de la tumba de Nefertari, la gran esposa real de Ramsés II. En sus paredes hay un dibujo ligeramente modelado en yeso y se colorean las figuras de los dioses y diosas al modo clásico. La reina, en contraposición, se muestra con más naturalidad, vestida con variedad de joyas y adornos y se emplea por primera vez la degradación tonal en su cuerpo para darle volumen. Este detalle se puede observar hasta en la transparencia de su vestido blanco lo que no concuerda con el arcaísmo de los dedos gordos de sus pies.

Volviendo de nuevo a las tumbas de los renombrados artesanos de Deir-el-Medina, se han encontrado muchos esbozos decorativos, los llamados ostraka, los cuales fueron trazados sobre fragmentos de caliza, con una gran libertad compositiva, sirviendo como boceto a futuras composiciones.
Podemos ver una maestría en estos enterramientos en la actitud de los personajes representados como los de la tumba de Ipy, donde se pintan escenas de vendimia con unas realistas imágenes puestas de manera irregular. Otro ejemplo importante lo tenemos en la tumba de Senedyem, en cuyas imágenes de la puerta de su cámara mortuoria hay en vivos tonos, su viaje al Más Allá, en otra de las escenas se muestra acompañado de su esposa y sus hijos, ante diversas divinidades en actitud de oración.

Como hemos podido ver, en estas imágenes del Imperio Nuevo hay un intento de independencia visible en el colorido, en el trazo y las expresiones de los rostros lo que permite al pintor captar la realidad con más libertad.
Nota: Este post está realizado a partir de apuntes de la autora, de la asignatura Historia del Arte Antiguo en Egipto y Próximo Oriente.
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