Cabra ramoneando un matorral o el Carnero sumerio encaramado al Árbol de la Vida.

Si hablamos de cultura y arte antiguo, si hablamos de lo que eran capaces de hacer los pueblos que vivieron hace unos 4.000 años (que se dice pronto) podemos remontarnos a la vieja Mesopotamia, en la región de Súmer, actual Irak tierra de conflictos desde antaño. Pero, ojo, que estamos hablando de civilizaciones que pertenecen a la Prehistoria final o si se quiere, Protohistoria, documentándose en cualquier caso asentamientos humanos desde el Neolítico, como ejemplo en Mesopotamia norte tenemos el sitio de Tell-Halaf, con una cronología que supera lo dicho anteriormente, ya que se hallaron unas figurillas datadas entre el 5.500 y el 4.500 a. C aproximadamente.

Ello no quiere decir que en este territorio del Próximo Oriente antiguo estuviera la exclusividad de la magnífica orfebrería, auténticas obras de arte como la que vamos a ver en esta ocasión. Existieron otros pueblos en otras regiones lejanas que tuvieron su propio arte, su propia historia con un alto nivel cultural. Pero eso lo contaré en otra ocasión porque si no me disperso.

La cuestión es que la famosa Lista Real Sumeria, grabada en escritura cuneiforme se trata de una lista de reyes que documentó, entre otras muchas menciones, a un tal Mesannepadda como el primer rey de la I Dinastía de Ur. Sí, la ciudad-estado de Ur (una de mis favoritas por cierto), que nos dejó a los que somos historiadores y arqueólogos un precioso regalo: el Cementerio Real de Ur.

Imagen del Cementerio Real de Ur en plena excavación. Créditos: wikipedia.

¡Aquí se hallaron unas 2.000 tumbas! con sus respectivos ajuares funerarios compuestos por una orfebrería que deja sin aliento. Se conocen el nombre de algunos personajes por inscripciones en objetos de los ajuares, por ejemplo Meskalandug, Akalamdug, o la reina Pu’Abi. De estos también hablaré en otra ocasión.

Como decía, este cementerio era real, por tanto, lo allí excavado por los arqueólogos (y los obreros, que casi siempre se olvidan de ellos y hacen una labor realmente importante) encontraron ajuares dignos de la realeza. En este caso concreto vamos a hablar un poquito del objeto de este artículo, el famoso Carnero encaramado en un árbol que se asocia al árbol de la vida. Si nos fijamos, más que un carnero parece una cabra, pero al final se estudia como carnero (o yo por lo menos así lo estudié en la Universidad).

Carnero del Cementerio Real de Ur. Créditos: Wikipedia.

En la imagen se observa uno de los carneros encontrados, ya que realmente fueron dos los que se hallaron en lo que se denomina como el Gran Pozo de la Muerte en torno al año 1928. La figura tiene una altura de 42 cm y está realizada además de materiales sencillos como la madera, se utilizó oro, lapislázuli, capas de pan de oro, plata y cobre. Algunas versiones argumentan que pudo formar parte de un arpa sirviendo de soporte y también se propone que ambas piezas pudieron estar en origen una enfrente de la otra.

Créditos: Pinterest.

Como vemos, la fabricación es exquisita y están datados en torno al 2.500 a. C, con lo cual quiero que seáis conscientes de que estas piezas tienen unos 4.500 años de antigüedad. Por supuesto no se encontraron en este estado, una de ellas se halló aplastada por el paso del tiempo y la tierra, pero han sido restauradas y ahora se exhiben para que el público pueda maravillarse viendo estas obras de arte. Actualmente se encuentran ubicadas en el Museo de Pennsylvania y en el Museo Británico. En cuanto al posible simbolismo tenemos por un lado el carnero o cabra y por otro el Árbol de la vida, al estar unidos puede simbolizar la unión entre lo terrenal y lo divino, pero también la forma en que la creación, a través de la naturaleza, se conecta con la divinidad.

Y esto es todo, de momento.

No olvidéis apuntaros al curso que dirijo e imparto en la UNED de Cartagena 🙂

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¡Hasta pronto amigos y amigas!


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