
La perfección existe. Encontrados en 1972 son dos de los pocos bronces originales griegos que todavía se conservan. Se cree que eran transportados por mar hacia la Magna Grecia cuando el barco naufragó. Representan a dos guerreros, uno joven y otro más mayor, que sostenían un escudo con el brazo izquierdo y con la diestra empuñaban una espada o lanza. Estas esculturas muestran la evolución que siguió la estatuaria helena en la búsqueda de la naturalidad de las formas, de la representación realista de la anatomía humana, y los primeros indicios de movimientos.

Las dos estatuas fueron fundidas según la técnica de la cera perdida; tras ello se les añadieron pequeños detalles: pestañas de cobre, labios de bronce, dientes de plata, ojos de marfil etc. Además, como ya se ha indicado, ambos portaban armas. Estas esculturas están lejos del hieratismo de los kouroi y de las korai. Al descansar su peso en la pierna derecha y flexionar ligeramente la izquierda, consiguen transmitir un mayor dinamismo. La tímida insinuación de movimiento viene potenciada por la cabeza que se inclina en dirección contraria a la de la pierna flexionada.

Tienen unos rostros con pobladas barbas y bocas entreabiertas que también se alejan del modelo de la estatuaria arcaica por su expresividad y laboriosidad. Poseen una musculatura muy detallada. En realidad, ambas estaturas son bastante similares, pero tienen diferencias sutiles: el del cabello sin recoger representa a un hombre más joven y el otro es más mayor y transmite la solidez de la experiencia enturbiada ya por una cierta fatiga. La parte posterior de las estatuas es impecable, en especial la del guerrero joven, que muestra una ligera y sensual inclinación de la espalda.

Ambas obras se encuadran en los umbrales del período clásico, con una cronología aproximada de entre el 460 y 430 a. C, es decir, siglo V. En ellas se observa el contraposto de Policleto, consistente en el contraste entre una parte tensa y otra distendida, y la búsqueda de la perfección ideal de la figura humana.
Se desconoce su autor y tienen unas dimensiones de 2,05 metros de altura. Se demuestra de esta manera un profundo conocimiento del cuerpo humano en la plasmación de músculos, tendones y articulaciones; también por supuesto, en la captación de la belleza masculina por parte del escultor.

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